Bruxismo

Halitosis

Bruxismo

El bruxismo consiste en apretar o “rechinar” los dientes de manera involuntaria. Se puede hacer durante el día o mientras se duerme. Ocasiona importes problemas a las estructuras dentales, la musculatura y las articulaciones de la mandíbula.

Habitualmente, este trastorno se relaciona con el estrés y el frenético ritmo de vida que llevamos actualmente, a lo que los pacientes reaccionan “bruxando”. El apretar de los dientes puede ser de dos tipos: un primer tipo en el que los pacientes sólo aprietan los dientes, o el segundo, más común y que produce más desgaste de los dientes, en el que los pacientes aprietan y además “rechinan” los dientes.

Se estima que al cabo de un día nuestros dientes deberían mantener contacto un tiempo de entre 14 y 17 minutos. Si es mayor, puede ocasionar alteraciones de los músculos responsables de la masticación, cefaleas, dolores durante la masticación de los alimentos…Muchos pacientes se despiertan con sensación de cansancio facial.

En todo caso, el desgaste severo de las piezas dentales es, sin duda alguna, el daño que con más frecuencia puede producir el bruxismo, aunque no siempre se manifiesta con dicho desgaste, sino también con las líneas albas, que se ven en las caras internas de las mejillas. A veces se marcan los contornos de la lengua, de manera que se ven las piezas dentarias marcas en sus caras laterales.

El bruxismo puede ocasionar importantes daños a nivel de la articulación temporomandibular. Para detectarlos, ésta se palpa, haciendo abrir y cerrar la boca. Generalmente el disco articular se deforma, cambia de posición y se luxa. Ésa es la causa más importante de los ruidos, dolores y bloqueos de los movimientos mandibulares. La deformación de la articulación ocasiona que cuando el paciente cierra la boca, sólo le tocan las piezas posteriores y le queda todo el sector anterior de la boca abierta. Si este fenómeno está acompañado de dolor y no responde al tratamiento conservador, lo más probable es que el paciente deba someterse a un tratamiento quirúrgico. En todo caso, existen estimaciones que indican que aunque un 65% de la población puede tener ruidos articulares, sólo el 5% puede necesitar tratamiento. Y es por esto por lo que la consulta al dentista es fundamental.

Tratamiento contra el Bruxismo

A aquellos pacientes que sufren trastornos en la mandíbula acompañados de dolor, se les indica restricción de movimientos de apertura y cierre. Para ello deben evitar comer alimentos duros, reduciendo la apertura bucal y a través de un tratamiento con aparatos como los planos de relajación, “Férulas de descarga”, que deben ser revisadas periódicamente, ya que la posición de la mandíbula y los contactos entre los dientes cambian. Existen, además, diversos aparatos intraorales, algunos de ellos indicados para que el paciente los use mientras duerma.

En cuanto al tratamiento con medicamentos, los analgésicos antiinflamatorios y los relajantes musculares son muy útiles durante la etapa de dolor.

Halitosis

Los términos “mal aliento”, “mal olor de boca”, halitosis o estomatodisodia, se utilizan para describir el olor desagradable que brota de la cavidad oral, independientemente de que las sustancias de mal olor provengan del interior de la boca (causas intraorales) o de otros lugares (causas extraorales). El mal aliento es uno de los problemas sociales más antiguos y comunes en la población. Puede llevar a la pérdida de la autoestima y en casos extremos al aislamiento social.

¿Qué produce Halitosis?

Son muchos los estudios que evidencian que el mal aliento se produce en el interior de la cavidad bucal. Así, la Enfermedad Periodontal y la higiene inadecuada (en especial del dorso de la lengua) son, sin duda, las causas que se han determinado como las más frecuentes. En todo caso, también puede deberse a otras infecciones del interior de la boca, como pueden ser las caries, los abscesos, las fístulas, la pericoronaritis , etc., lo que puede ser agravado por una disminución en la producción de saliva o xerostomía, el tabaco o los procesos degenerativos que produzcan úlceras o hemorragias. Pero no solo ello, ya que las obturaciones y prótesis defectuosas, áreas que retengan alimento entre los dientes e incluso una dieta insuficiente pueden también originar halitosis

Sólo entre un 10% y 15% de las causas son extraorales: la halitosis se origina en olores provenientes de nuestros pulmones debidas a afecciones renales, diabetes, disfunción hepática, trastornos digestivos (como el reflujo gastroesofágico), cáncer, enfermedades metabólicas como la trimetilaminuria, sinusitis crónica o cuadros más raros como el divertículo de Zencker. También aparecen casos derivados del uso de medicación que reseca la boca (como los anticolinérgicos) o la obstrucción nasal por cuerpos extraños. Un caso peculiar de halitosis es la denominada halitosis imaginaria, halitofobia u obsesión por el mal aliento, un problema de carácter psicológico en la que el paciente asegura con insistencia tener un mal aliento que ni el entorno ni los equipos de detección pueden percibir.

Halitosis Crónica

La halitosis crónica no se corrige con una higiene oral normal. La halitosis ocasional como el mal aliento de las mañanas que algunas personas experimentan alguna vez, no es realmente una verdadera halitosis.

La halitosis afecta a personas de cualquier edad, de cualquier sexo o raza o de cualquier nivel socioeconómico y, sin duda alguna, supone un verdadero problema social que impacta negativamente en la vida de muchos millones de personas: solemos tener una impresión negativa de los individuos que padecen de halitosis, su autoestima y vida social pueden verse seriamente afectados, llegándose a reportar casos de pacientes que han llegado a considerar la opción del suicidio por causa de su mal aliento. Al ser este un asunto tan embarazoso, los pacientes son renuentes a mencionar su problema tanto al médico como al odontólogo.

Más de la mitad de la población afectada por halitosis no es consciente de que sufre este problema, lo que dificulta, retarda (cuando no imposibilita) la consulta al especialista y por supuesto el diagnóstico y tratamiento.

Diagnóstico de la Halitosis

Para el diagnóstico de la halitosis es muy importante la información a este respecto que el paciente proporciona al profesional. Además, éste evaluará detalladamente sus hábitos de alimentación, historia y evolución de la halitosis, frecuencia y tipo de higiene oral, patologías del sistema otorrino-laríngeo y cuánto afecta la halitosis en su vida personal. Posteriormente, realizaremos una serie de pruebas que nos ayudaran a completar el diagnóstico (examen clínica, prueba organoléptica, análisis bacteriológico en microscopio, test del halimeter…).

Tratamiento de la Halitosis

Los tratamientos actuales tienen éxito en un altísimo porcentaje de casos. Además, no sólo se orientan a eliminar el mal aliento, sino que además colaboran en mejorar la autoestima afectada por el problema de la halitosis.

Una vez diagnosticada la halitosis, incluyendo su grado y por supuesto identificada su causa, el paciente será derivado al especialista en caso de que se deba a algún problema primario a la halitosis.

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El primer paso en el tratamiento del mal aliento es tratar de forma profesional todas las enfermedades orales y condiciones que puedan contribuir al mal olor, lo que incluye la gingivitis, enfermedad periodontal, caries, úlceras, fístulas, abscesos, restauraciones y prótesis defectuosas, impacto de alimentos entre los dientes, etc.

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Habrá que controlar la sobrepoblación de bacterias Gram-negativas anaerobias en la cavidad oral con la consecuente reducción de la formación de compuestos volátiles sulfurados mal olientes. Este control podrá lograrse por métodos mecánicos o químicos.

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La solución más efectiva ha resultado ser el método de reducción mecánica de los microorganismos a través de procedimientos de higiene bucal mejorados: barrido mecánico por un correcto cepillado de los dientes, uso de seda dental y limpieza a conciencia de la lengua, cuyo dorso irregular es lugar propicio para que se refugien bacterias Gram-negativas y partículas alimentarias, o células descamadas, sangre y material orgánico procedente de la nariz. Los limpiadores de lenguas consiguen arrastrar elementos de la superficie lingual, lo que conlleva importantes resultados contra la halitosis.

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La terapia química mediante el uso de enjuagues bucales contra las bacterias, no siempre ayuda a solucionar el problema. La mayoría de estos enjuagues contiene alcohol, que produce sequedad en la boca. Mientras más seca esté la boca, más crecen las bacterias ya que no existe el barrido de la saliva que las elimina. Algunos enjuagues bucales crean una capa protectora sobre la lengua que actúa sellando las bacterias en sus irregularidades y grietas protegiéndolas para que continúen multiplicándose. Un efecto similar se produce al cepillar la lengua con pastas dentales regulares, empeorando el problema.

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